domingo, 26 de mayo de 2013

La mejor herramienta fiscalizadora es la empresa privada.




El mercado es la mejor herramienta que tenemos como civilización y como individuos para satisfacer todas nuestras necesidades y mejorar completamente nuestra calidad de vida, cuando el consumidor es Rey, el mercado se enfoca en las necesidades individuales, donde innovadores, empresarios y hombres de negocio buscan maximizar su beneficio personal y con esto llenan de trabajo a una población además de conseguir contratos voluntarios donde clientes consumidores también buscan maximizar su propio beneficio, por lo tanto, en la mayoría de los casos, todas las partes involucradas ganan e incluso el estado, gana.

Está la válida preocupación que solo el ánimo de lucro en las empresas afectaría a trabajadores, ambiente natural, calidad en los productos, compra de consumidores, entre otras cosas, no se puede negar porque el mercado nunca será perfecto y claramente las empresas no solo deben preocuparse por el lucro para ser las mejores. Pero lo lamentable de estas personas preocupadas por el “mal” accionar del mercado es que ven al estado como el ente fiscalizador perfecto y la verdad es que eso está lejos de la realidad, producto de que el estado se financia del mercado.

Establecer que el mercado sea fiscalizado y regulado por nuevos organismos estatales que no necesariamente son para prevalecer el orden y la justicia puede ser muy perjudicial. Si tenemos a la justicia ordinaria para resolver casos de agresiones de unos individuos sobre otros debemos enfocarnos en perfeccionar eso y no crear nueva grasa burocrática que solo alimenta fines económicos con el uso de la fuerza, fuera de los tratos voluntarios que se producen entre los individuos privados en el mercado.

Pensar que en el estado solo existirán hombres buenos e intachables que se preocupan de los consumidores más que los “malvados” hombres de negocios es un poco ingenuo, no digo que todos los hombres de negocio sean personas intachables, eso también sería ingenuo. Lo que quiero dejar claro es que el estado en ningún caso sería mejor fiscalizador que varias empresas privadas en conjunto con sus consumidores.

Revisemos ambos casos; el estado que se financia a través de la amenaza del uso de la fuerza del mercado como fiscalizador no sería de “mejor calidad” que las decisiones libres de los individuos, producto de que buscaría cada vez más detalles defectuosos para hacer crecer su poder, eso está más que claro, durante el Siglo XX todos los estados se agrandaron, excepto en algunos casos puntuales que más adelante voy a comentar. Por lo tanto el estado como fiscalizador cada vez más grande, velando por el “bien común” que en la práctica significa más regulaciones y más impuestos, o sea más violencia de la necesaria, sería como un jugador de tenis que actúa como árbitro en un partido de semifinales donde necesita que el más débil gane para luego poder ganar la final, tener el monopolio de la última decisión puede ser destructivo si este poder no se limita por los ciudadanos privados.

Las empresas privadas como entes fiscalizadores permitirían una competencia de agencias reguladoras que buscarían como satisfacer la demanda de los consumidores privados afectados por los malos servicios y productos de determinadas empresas, como el pago de estos consumidores por la fiscalización es voluntario, ya no tendríamos el problema de que el estado como fiscalizador pueda encontrar cada vez más pretextos para asfixiar la economía y estrangular a nuevos emprendedores para ganar más a costa de su monopolio. Mi propuesta necesita ser más trabajada ya que solo es un bosquejo alternativo ante la creciente ola de peticiones que gritan por más estado sin darse cuenta de los riesgos que esta lógica puede provocar.